CAINE
—Hey —dijo Costello, empujándose de la pared sucia junto a la entrada del bar. Llevaba una chaqueta de cuero que debía estar haciéndole sudar con este calor. Como siempre, su rostro estaba tan tranquilo que uno pensaría que era octubre en vez de un húmedo y pegajoso junio.
Asintiendo hacia él, miré las escaleras mugrientas que llevaban a la puerta. Barnie’s era un sótano remodelado que se había usado en los gloriosos días de la Ley Seca. El bar tenía historia, era un lugar que valía la pe