Narrado por Sergio
La confesión de Hellen resonó en el dormitorio silencioso, más poderosa que cualquier palabra que hubiéramos intercambiado. "Estoy atada a ti." Aquellas sílabas, susurradas contra mis labios, deshicieron el último nudo de culpa y miedo que aún apretaba mi pecho. Cuando nuestras bocas se encontraron de nuevo, ya no había espacio para el pasado, solo para el deseo urgente y arrollador que estallaba entre nosotros.
El beso ya no trataba de perdón ni de dolor; era sobre posesión,