Narrado por Sergio Vance
El restaurante en Londres estaba casi vacío, el tipo de lugar que suelo elegir cuando no quiero miradas curiosas. Pero aquella noche, ni el vino caro, ni la música suave, ni la luz tibia de las velas lograron disimular el veneno que flotaba en el aire.
Sylvia estaba frente a mí. Su mirada — fría, cortante — era la de siempre. Solo que ahora había algo más allí… una rabia seca, casi inhumana.
—Entonces era verdad —comenzó, con la voz firme—. Realmente corriste detrás