Narrado por Sergio
Pasé toda la mañana encerrado en el despacho, rumiando cada palabra que ella dijo. El silencio de la casa era ensordecedor, y aun así seguía escuchando la voz de Hellen llamándome enfermo, controlador. Tal vez tenía razón. Tal vez yo era todo eso. Pero lo que más me irritaba era saber que, incluso con toda su rabia, todavía la deseaba más que a cualquier cosa en este mundo.
Intenté concentrarme en informes, contratos, cualquier cosa que me distrajera de esa culpa ardiendo en