Jack levanta mi rostro, me limpia las lágrimas con esa dulzura que tanto me enamora y me besa con suavidad, borrando toda mi tristeza con sus labios y sus brazos alrededor de mi cuerpo, manteniéndome segura, protegida y querida.
—No mereces seguir llorando y recordando esos momentos tan horribles de tu vida. Es hora de que seas feliz, de que sonrías y vivas tu vida como siempre lo debiste hacer —murmura contra mi boca—. Mereces ser inmensamente feliz.
—Lo merezco —repito esas dos palabras, como