Valentina se movió, intentando levantarse.
Pero en cuanto lo hizo, Mateo despertó y la abrazó.
— ¿Ya despierta? —preguntó.
Valentina permaneció en silencio, enterrada en su abrazo.
Con los ojos soñolientos, Mateo lucía más relajado y sensual que su habitual apariencia fría y distinguida. Pellizcó suavemente la mejilla de Valentina.
— ¿Qué pasa? ¿Estás enojada? ¿No me hablas?
Por supuesto que Valentina estaba enojada. Anoche él la había tomado por la fuerza. No quería dirigirle la palabra.
Mateo