— Mis piernas ya no pueden sostenerme, por eso debo usar silla de ruedas —respondió Katerina.
Sofía pareció entender a medias.
— Abuelita, ¿entonces estás enferma? No te preocupes, todo va a mejorar. Te regalo una paleta.
Sofía sacó una paleta de colores y se la ofreció a Katerina.
Katerina se quedó paralizada. Nadie le había regalado una paleta antes.
En su juventud, había sido una señorita de alta sociedad, educada en los modales de la aristocracia. Sus padres le habían enseñado a buscar un ma