Capítulo 500
El rostro de Mateo reflejó resignación. Ahora era como una rata que todos querían cazar.

Nadie lo quería cerca.

—Abuela, solo quiero ver a Valentina.

Dolores suspiró:

—Está bien, mírala entonces.

Mateo se sentó junto a la cama, observando el rostro pálido de Valentina. Instintivamente, extendió la mano para acariciar su rostro.

Pero con un "¡paf!", Dolores apartó su mano de un golpe:

—Te he permitido mirar, ¡no tocar!

Mateo se resignó.

Retiró su mano:

—¿Qué ha dicho el médico? ¿El bebé está bien
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