Su delicada espalda fue empujada contra la pared blanca de cerámica. El agua tibia caía sobre ella, mojándola instantáneamente. Levantó las manos para detener al hombre frente a ella:
— ¿Qué estás haciendo?
El agua resbalaba por su rostro elegante, siguiendo sus perfectos contornos. Desde su prominente nuez hasta su sensual clavícula, descendiendo lentamente...
Un cuadro de un hombre bañándose, un festín visual absoluto.
Valentina se encendió como una llama, cual cierva asustada, sin saber dónde