La disputa de fabricación se había tragado la tarde entera, y para las cinco en punto la voz de Celeste se había vuelto áspera tras tres llamadas separadas con reguladores de dos países distintos; cada una exigía, de alguna manera, que explicara con un detalle cada vez más paciente por qué los requisitos de la cadena de frío de HemoQ no podían simplemente omitirse en aras de un despacho aduanero más rápido. Ahora estaba sentada con la frente presionada contra el cristal frío de la ventana de su