Era la primera vez que Emily aparecía frente a Matriarca con un rostro sin disimulo.
Inesperadamente, Matriarca levantó la vista y vio a su hija, que apareció ante su vista con vida.
¡Ese hermoso y exquisito rasgo facial, esa tez blanca y delicada, esos grandes ojos negros y brillantes!
Todo esto era, ¡su Talía!
Cuando la Matriarca se emocionó, estuvo a punto de levantarse de la silla de ruedas.
Esta acción asustó tanto a la criada que había estado vigilando a su lado, que se apresuró a ayudarl