Jenna me encierra en la cabaña cuando llegamos, esta vez, se asegura de ponerle seguro a la puerta.
—¡Déjame salir! —suplico con lágrimas en los ojos.
No sé qué es lo que quieren de mí, ¿por qué no solo me matan y ya? Después de todo, ya no tengo nada.
Me acurruco en la pequeña cama en la que desperté, y dejo correr las lágrimas sin descanso hasta secarme.
«Damon, ¿por qué no vienes a sacarme de esta pesadilla?» pregunto en mi mente.
Si al menos supiera qué es lo que ocurrirá conmigo, podría se