13. Capítulo
Ese mismo día, la muchacha se arregló para ir a trabajar. Le pidió al cielo que su jefe no fuera un ogro gruñón y que no estuviera de mal humor para entender su retraso, aunque a veces este no entendía a nadie y gruñía sin parar.
Se puso su mejor ropa, se peinó el cabello y se colocó un poco de maquillaje. No era tan asidua a él, pero se notaba tan pálida y demacrada que necesitaba la ayuda de algunos cosméticos para hacer un milagro con su rostro y verse bonita. Y sí, lo logró.
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