Cassian se mueve dentro de mí con una fuerza que me rompe en dos.
Cada embestida es firme, profunda, dominante.
Sus caderas chocan contra las mías como si el acto en sí pudiera borrar todo lo demás. Como si, al tomarme de esta manera, pudiera reclamar algo que siempre le ha pertenecido.
Mis uñas se clavan en su espalda. No me controlo. No quiero hacerlo. Lo araño con desesperación mientras su dureza entra y sale de mí, como un castigo… o una súplica. No sé cuál de los dos es más culpable. Pe