"Son mil novecientos cincuenta y siete."
Comenta con fastidio y cara de sueño la cajera detrás del mostrador de la única tienda que estaba abierta a esa hora de la noche.
Miro las cosas sobre el mostrador que son bastantes pero parece que no son suficientes para gastar el dinero que aún me queda en la tarjeta.
Miro el reloj, me quedan cuatro minutos antes que den las doce de la noche, después veo a la cajera que lucha por mantener los ojos abiertos antes de cubrir su ruidoso bostezo con su mano