"Son mil novecientos cincuenta y siete."
Comenta con fastidio y cara de sueño la cajera detrás del mostrador de la única tienda que estaba abierta a esa hora de la noche.
Miro las cosas sobre el mostrador que son bastantes pero parece que no son suficientes para gastar el dinero que aún me queda en la tarjeta.
Miro el reloj, me quedan cuatro minutos antes que den las doce de la noche, después veo a la cajera que lucha por mantener los ojos abiertos antes de cubrir su ruidoso bostezo con su mano.
Tomo varios paquetes de costosos chocolates para colocarlos frente a mi antes de preguntarle a la mujer que me mira con fastidio.
-Cuanto es ahora?-
Inquiero ansioso, la cajera escanea despacio los códigos de barras de las envolturas de los chocolates antes de volver a decirme mi gran total.
Miro con miedo el reloj, aún me quedan dos escasos minutos para que se cumplan las doce de la noche.
"Son dos mil cincuenta y siete con noventa centavos."
Asiento muchas veces como tonto mientras inserto l