LUCAS
—Cielo, ven a dormir, ya es tarde —susurró Nathan con voz cálida mientras rodeaba con ternura mi vientre de ocho meses, acercando su cuerpo al mío. Su presencia siempre me reconfortaba, pero en esta ciudad, donde el misterio y la inquietud se entrelazaban, su abrazo se volvía aún más imprescindible.
Sonreí con amor ante la manera en la que me llamaba "cielo". Desde que nuestra relación había evolucionado, aquel apelativo cariñoso se había convertido en una muestra constante de su afecto p