LUCAS
Los estridentes gritos, cargados de enojo, me sacaron de los brazos de Morfeo. De repente, me encontré en el suelo, acurrucado, dándoles la espalda a las dos personas que discutían acaloradamente al otro lado del pasillo.
—¡Maldición! ¿Qué te pasó por la cabeza al traer a este Omega aquí? ¿Tienes idea de quién es?
Esas palabras rompieron la niebla en mi mente. Mis recuerdos eran un caos, pero al menos sabía lo que estaba ocurriendo, aunque no tenía ni la menor idea de dónde me encontraba.