Era el cumpleaños de Amanda. Rowán no le mencionó nada. Los niños solo la felicitaron de manera casual, sin querer levantar sospechas.
Esa tarde, la señora Roberts entró en su habitación con un vestido elegante, insistiendo en que se lo pusiera.
—¿Por qué quieres que use esto, mamá? No voy a ningún lado —protestó Amanda.
—Porque lo compré para ti y es tu cumpleaños. Quiero que te arregles. Muéstrale a Rowán que todavía lo tienes —dijo la señora Roberts mientras la ayudaba a vestirse.
—¿Cuántas