La señora Roberts estaba en el salón de belleza con sus amigas; estaban tratando de hacerse un cambio de imagen.
—Te ves condenadamente bien, chica —exclamó Catalina emocionada.
—Ha pasado un tiempo, ya sabes. No parece que tengas mucho tiempo estos días por los bebés —añadió Ángela.
La señora Roberts se sentía un poco incómoda teniendo esas conversaciones, pero no tenía otra opción.
—Sí. Ha pasado un tiempo. Gracias a Dios sabes que estoy muy ocupada. Los niños no me permiten tener ni un poco