Rowán instruyó a su conductor que los llevara lejos del edificio abandonado, dejando a los oficiales de policía continuar con la búsqueda.
—¿Destino, señor? —preguntó el conductor.
—Hospital —respondió Rowán.
Amanda protestó de inmediato. —¿Por qué? Estoy bien. Solo quiero ir a casa.
—Estás sangrando, Amanda —dijo Rowán con expresión seria. Amanda revisó su cuerpo buscando moretones, sin saber de dónde venía la sangre. Pronto descubrió un corte en su brazo.
Al ver que ella no se había dado cuent