MARION
Me recosté contra el cabecero, viendo a Demetria salir del baño. Le di un golpecito en el regazo, indicándole en silencio que viniera. Cruzó la habitación sin decir palabra y se sentó en mi regazo, algo que ya hacía con naturalidad, algo a lo que yo me había vuelto adicta. Se sentó, apoyando la mejilla en mi pecho como si fuera su sitio.
La abracé y la acerqué más, besándole la coronilla e inhalando su aroma. Mi aroma favorito. El que siempre me tranquilizaba.
—¿Tenemos que ir a almorzar