Emily se sonrojó, pero además quería decirle que yo entendía lo que sentía, gritarle que yo lo había experimentado, pero mi lengua se trabó pensando en qué le diría cuando ella me preguntara por quién sentía tan profundos sentimientos, ¿cómo la abordaría? No podía decirle: “Amiga, de un chico que nada más he visto en sueños y se llama Adrián”; eso definitivamente sonaría más a excusas que a verdad; aparté tales pensamientos y continué con la conversación.
—Emily, no experimento esa sensación de