La noche anterior del viaje
La lluvia azotaba con furia el cristal de la ventana, nuevamente el miedo se acunaba en mi fiero interno, reviviendo las palabras de Nahethis que cobraban vida en mi habitación: — “Adondequiera que ellos lleguen la peste los acompaña como su más fiel sombra, advirtiendo la antesala de su destrucción” —me llevé una mano al pecho para sosegar mi angustia, pero era imposible calmarla; el viento frío que se colaba por las rendijas del ventanal me advertía la presencia de