—Estoy muy conmocionada, que mal se siente no poder entender lo que me sucede. ¿Cómo mi sangre pudo curarla? — tomé aire y luego giré a ver a mi compañero —lo siento, pero no te voy a dejar ir sin antes explicarme qué demonios sucedió en esa habitación, creo que me merezco una justa aclaración — Gabriel me miró.
—Tienes razón —contestó luego de un momento —pero solo te diré lo necesario, no hay mucho tiempo.
Gabriel aparcó el coche a la orilla de uno de los frondosos bosques que se situaban en