Cuando sus labios estaban a punto de tocar los míos agarré impulso y le di una embestida con mis piernas tirándola de un solo golpe; quedé perpleja al ver cómo elevé a Margot del piso.
—¡Quien soy yo! —inquirí con desesperación, mientras sorprendida contemplaba como Margot caía de espalda sobre una de las puertas que dividían los inodoros.
Me reincorporé rápidamente mirando cómo ella yacía tirada en el suelo con los ojos cerrados, pude oír que de sus labios salían quejidos, se levantó confundida