Capítulo: Nadie tiene derecho
Esa mañana, Gabriel se levantó temprano.
Lo hizo en silencio, con esa costumbre de moverse como si no quisiera ocupar demasiado espacio, como si todavía creyera que en cualquier momento alguien iba a señalarlo y recordarle que él no pertenecía allí.
Pero pertenecía.
Preparó el desayuno con cuidado, recordando detalles mínimos que había escuchado de Flor en alguna charla casual: el café con leche, las tostadas tibias, y ese toque de mermelada de durazno que a