Varias personas salieron corriendo de la villa para ayudar a cargar a Jasper. Cuando lo acomodaron en una camilla improvisada, la cabeza se le ladeó hacia un lado. Lydia le sujetó el brazo.
—Señor Jasper.
No hubo respuesta. El hombre cerró los ojos. Jasper había resistido a fuerza de voluntad, pero su cuerpo terminó por ceder cuando supo que Lydia había llegado a la villa.
El médico y varios sirvientes metieron la camilla en la casa a toda prisa. Sus pasos apresurados resonaron por el pasillo im