No se le había escapado ni uno solo.
Por eso...
No había llegado hasta allí pensando que esa pelea terminaría con solo derribar a Silas.
Detrás de él, Vincent aún sostenía el abrigo y la pistola de Cale. Apretó la empuñadura del arma con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Todos sus instintos le exigían levantar el arma y terminar con todo de un solo disparo.
Pero guardó silencio. Conocía demasiado bien a Cale.
En cuanto se disparara la primera bala sin una orden, todo lo que h