¡Pum!
El golpe de un puño contra el hueso resonó por todo el pasillo. El impacto le giró la cabeza a Silas y varias gotas de sangre salpicaron el suelo. Se desplazó medio paso y sus zapatos de cuero rasparon el piso mientras luchaba por mantener el equilibrio.
Por un instante todo el pasillo quedó en silencio. Hasta los hombres de Silas, que ya habían levantado las armas, se quedaron inmóviles; jamás imaginaron que su líder recibiría el primer golpe.
Silas enderezó despacio la cabeza. Movió apen