Mientras tanto, Eli caminaba cabizbaja, retorciéndose las manos para calmarse. Tenía los ojos brillantes de lágrimas, a punto de llorar. No entendía cómo una mañana que debía ser tranquila había terminado de una forma tan amarga e inquietante.
Mientras Eli se hundía en la culpa, Selena no paraba de quejarse camino al ala de los dormitorios. No dejaba de maldecir entre dientes, y todos sus insultos iban dirigidos a Althea.
—¡Esa descarada se atrevió a tratarme así! Como si fuera superior a mí —di