—No, mamá —dijo Daven con firmeza—. Eso no es cierto. Te lo puedo asegurar.
La mentira le ardió en el pecho, más de lo que esperaba. Decirle una falsedad de esa magnitud a su madre le dolió en lo profundo, pero no tenía opción. Temía el efecto dominó que podría desencadenar, sobre todo cuando la tormenta en la que ya estaba atrapado todavía no amainaba. No, “temor” no era la palabra correcta. Era más bien el terror de lo que su madre pudiera hacer si decidía actuar fuera de su control.
Y no podí