—Si es así, quiero verla —dijo Eli, emocionada.
—Primero termina de desayunar —dijo Althea.
—Claro. —Eli tomó el tazón de avena que Althea había dejado en la mesa de noche. Fue comiendo despacio, cucharada a cucharada, y de vez en cuando elogiaba lo bien que cocinaba Althea. Desde que Eli llegó a esa casa, la comida de Althea siempre fue su favorita.
Poco después, Althea salió de la habitación de Eli para dejarla asearse con tranquilidad. El tiempo siguió pasando y la luz del sol que entraba por