—Sí, Daven.
Se levantó y se alejó unos pasos de la cama, pero Lydia aún podía ver la cara de su esposo desde donde estaba acostada.
Durante los primeros segundos, Cale solo escuchó. Su expresión se mantuvo serena y su mirada, indescifrable. Pero sus facciones marcadas empezaron a endurecerse.
—¿Qué? —Su voz bajó de tono—. ¿Cuándo pasó?
Se hizo el silencio una vez más. El único sonido era la voz de Daven al otro lado de la línea, aunque Lydia no alcanzaba a distinguir sus palabras. Cale fue cerra