Adrian le entregó un sobre lleno de dinero en efectivo a un hombre musculoso que tenía un tatuaje cubriéndole el brazo y subiendo hasta el cuello.
—No lo sé, jefe. Ella ya está en prisión así que podría ser un poco difícil sacarla. —dijo el extraño hombre, dando una calada a su cigarrillo.
—Irrumpe en la prisión o vuélala por los aires, no me importa. Ella solo necesita salir de ahí. O eso pasa o estoy jodido. —gritó, golpeando el volante con las manos.
El hombre tatuado, conocido como “Drax”,