—Bienvenida, madre. —Harriet abrazó a Stacy apenas abrió la puerta. Ella llegó a la casa exactamente una hora después de la llamada telefónica. Si no fuera por el tráfico habitual de Nueva York, habría llegado antes.
—Hola, querida. ¿Está todo bien con ustedes? —Stacy no tenía intención de andar con rodeos. Sabía que algo estaba mal y estaba decidida a averiguarlo.
Harriet no respondió, pero la condujo hasta la sala donde Damien estaba esperando. Apenas Stacy lo vio, un grito salió de sus labio