10. Amor que nace del alma

Tano:

Amanecí con unos pies pequeños en la cara, esa pelotita era un relojito para dormir y no hablo de lo puntual, sino que caminaba como la aguja de un reloj, sin dejarme a mi conciliar sueño.

Aunque tuviera su habitación para ella sola, determine que odiaba estarme levantando para caminar e ir por ella de nuevo, así que, la cuna que desde un principio había comprado; la que pensé que sería un gasto innecesario, ahora era la salvación que tenía.

—¡Buenos días a esa cosita preciosa!—dijo Marin
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