MAX YA SABE DÓNDE ESTÁ
La memoria del mármol seguía en los dedos de Alice. No era dolor ni incomodidad, sino la presencia exacta de algo que había estado a punto de cambiar: el mármol verde, la piel fría bajo la palma, la mano de Liam cerca de la suya, quieta, respetando una distancia que ninguno había corregido porque ambos habían elegido quedarse allí. No había ocurrido nada que pudiera contarse con facilidad. No un roce. No una caricia. No una confesión. Y, sin embargo, el cuerpo lo recordaba como si hubiera ocurri