La cantidad era significativa. No obscena. Lo bastante grande para financiar varias becas completas, pero no lo suficiente para comprar una silla en un consejo directivo ni justificar una fotografía de agradecimiento.
Eso también era lenguaje.
Alice sostuvo el comprobante entre los dedos. La inicial podía ser cualquier cosa: un donante externo, una empresaria que no quería aparecer, alguien del sector movido por el anuncio. Pero desde que vio la letra, una posibilidad ocupó el centro.
Margaret.