~ Leo ~
Hacía mucho tiempo que no tenía a nadie que me esperara en la casa con los brazos abiertos. Al tener a Amelia a mi lado en el sillón, con la forma juguetona en la que me hablaba, me hizo feliz.
Tras compartir un poco, la levanté del sillón y la llevé a su habitación. No diría que éramos como conejos, pero definitivamente estábamos yendo muy rápido en ese aspecto de nuestra relación. Luego de un par de horas volvimos a la cocina, quería que cocináramos juntos, y ella aceptó.
Se veía hermo