Nos miramos a los ojos mientras el oficial comenzaba la ceremonia.
Nuestra mirada fue fija y profunda, como si nadie más existiera. El oficial oró a la luna para que bendijera nuestra unión, después intercambiamos nuestros anillos tras hacer los votos oficiales.
Los votos eran un poco diferentes de los que normalmente hacían las parejas, ya que incluían nuestras promesas al pueblo como Rey y Reina. De hecho, no fue nada romántico, pero era el protocolo.
Cuando el oficial terminó, nos pidió que