Demasiados recuerdos.
Incluso aquel piano lo había tocado él.
Damián levantó la tapa y se sentó, tocando una melodía familiar con una sola mano. Los recuerdos resonaban por todo el restaurante, persistentes, mientras un brillo de lágrimas emocionadas aparecía en las comisuras de sus ojos.
Aitana era un lamento, sangre en su corazón, la persona que nunca olvidaría haber perdido.
Muriel, sentada a la mesa, observaba al hombre que le hacía latir el corazón, mientras su mirada se oscurecía gradualme