Capítulo 196
Aitana sufrió un aborto.

Sin descansar, regresó inmediatamente al altar funerario de su abuela, acompañándola con un vestido sencillo y negro.

Una ráfaga de viento nocturno se levantó. Las cenizas de las velas, levantadas por el viento, flotaban en el cielo nocturno.

Aitana bajó los ojos, las lágrimas caían gota a gota:

— Abuela, que tengas un buen viaje, disfruta del cielo, pronto nos volveremos a ver.

Las telas blancas de los estandartes, sacudidas por el viento nocturno, crujían como el sonid
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