No pudo evitar pensar: ¿Cuánto amor se necesita para ignorar los rumores?
Aitana no quería seguir mirando, pero al girarse para marcharse, escuchó la voz melosa de Lía detrás de ella: — Señora Uribe.
Aitana se volvió, mirando a la pareja despreciable.
Lía abrazaba el cuello de Damián, soltando otro gemido: — Señora Uribe, ¡no hay nada entre Damián y yo! Solo lo abrazo porque no me siento bien.
Sin esperar respuesta, la madre de Lía, la señora Urzúa, habló con una cortesía distante: — ¿Usted es l