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POV Tessa
Noviembre de 2018 El vestido no se veía bien en mí. No era feo. Solo… no era para mí. Como si lo hubieran hecho para otro tipo de chica. Una que supiera caminar con tacones sin mirar sus propios pies. Que se sacara fotos sin esconder la cara. Que no pasara la mitad de su vida detrás de libros enormes y unas gafas ridículas. Me acomodé la tela rosa a la altura de la cintura por décima vez. —Si sigues respirando así, voy a sacarte un ojo con la brocha —se quejó Chloe detrás de mí. —No estoy respirando raro. Ella y Helena me miraron por el espejo al mismo tiempo. Suspiré. —Está bien. Tal vez un poco. Chloe soltó una carcajada. —”¿Un poco?” Tessa lleva cuarenta minutos teniendo un colapso nervioso en silencio. Helena rio por lo bajo mientras terminaba de arreglarme el cabello. Mi hermana siempre conseguía que todo pareciera bonito. Hasta los gestos más simples. Incluso apartarme un mechón detrás de la oreja parecía una escena de película cuando lo hacía ella. Y eso era desesperante. Porque Helena tenía diecisiete años y ya parecía una de esas chicas perfectas de un anuncio de perfume. Rubia, delicada, naturalmente elegante. Mientras que yo parecía una bibliotecaria agotada la mayor parte del tiempo. Quizá por eso todo aquello me parecía tan absurdo. Que Matteo hubiera venido a buscarme a mí. No tenía ningún sentido. Yo conocía a las chicas en las que él solía fijarse. Las chicas con las que solía salir. Victoria Sinclair, por ejemplo. Guapa. Popular. Cruel. El tipo de chica que hacía comentarios venenosos con una sonrisa en los labios. Llevaba los últimos tres años convirtiendo mi vida en un infierno silencioso siempre que tenía la oportunidad. Sobre todo desde que Matteo empezó a hablar conmigo a principios de aquel año. Porque todo el mundo sabía que Victoria tenía una extraña obsesión con él. ¿Y, sinceramente? La entendía. Todo el mundo la entendía. Desde el primer año. Solo que, en tercero, algo cambió. Tal vez porque por fin comprendió que repetir curso no era una opción cuando tenías un padre como el suyo. O quizá porque pasar tardes enteras estudiando juntos terminara acercando a dos personas de forma inevitable. Nuestras familias ya eran cercanas desde mucho antes. Viejos amigos. Compañeros en eventos. Socios en algunos negocios. Así que la cercanía surgió con demasiada facilidad. Primero fueron los mensajes sobre los exámenes. Después, las llamadas. Luego, conversaciones que ya no tenían nada que ver con el colegio. Y después llegaron los besos. Sentí cómo el calor me subía inmediatamente al rostro con solo recordarlo. Los primeros de toda mi vida. —Mírala, otra vez sonriendo sola —se burló Chloe. —Cállate. —Estás enamorada. —Chloe… Ella estalló en una carcajada. Helena apareció detrás de mí reflejada en el espejo y apoyó las manos sobre mis hombros. —Lo raro sería que él hubiera pasado todo este año contigo y no se hubiera enamorado. Sentí un nudo en el pecho. Porque Helena nunca decía las cosas solo para hacerme sentir bien. Nunca. —Las dos están delirando —murmuré. —No. Es que tú no sabes verte como los demás te ven —replicó Chloe. Entonces giró mi silla de golpe hacia el espejo grande. Y el aire simplemente desapareció de mis pulmones. Porque, por primera vez, realmente me vi lista. El vestido rosa claro abrazaba mi cuerpo con una delicadeza que jamás había imaginado. Mi cabello caía en suaves ondas sobre los hombros. Sin las enormes gafas, mis ojos parecían más grandes. Más bonitos. Yo parecía… Yo parecía bonita. De verdad. —Dios mío… —susurré. Chloe cruzó los brazos con orgullo. —Exactamente. Pero Helena permaneció en silencio. Y eso llamó mi atención al instante. Cuando la miré, tenía los ojos brillantes. —¿Nena? Sonrió apenas. Conmovida. —Hoy te pareces muchísimo a mamá. Sus palabras me golpearon como un puñetazo. Sentí un ardor inmediato en la garganta. —No hagas eso —murmuré, notando cómo me escocían los ojos—. Si tú lloras, yo también voy a llorar. Helena soltó una risa ahogada mientras se limpiaba una lágrima antes de que cayera. —Perdón. Chloe nos señaló a las dos. —¿Sabían que son emocionalmente inestables? Terminé riéndome con ellas. Y fue extraño porque, durante unos segundos, todo pareció perfecto. Seguro. Completo. Entonces sonó una bocina afuera. Mi corazón dio un vuelco tan brusco que hasta dolió. Chloe fue la primera en correr hacia la ventana. —Ay, Dios mío. Helena fue detrás de ella y sonrió enseguida. —Está ridículamente guapo. —¡Deja de decir eso! —protesté, entrando en pánico al instante. —Demasiado tarde —respondió Chloe—. Ahora yo también lo vi. Sentí que el estómago se me revolvía por completo. Porque él estaba allí. Esperándome. Después de tantos años siendo solo un amor silencioso. Helena tomó mi mano antes de que saliera de la habitación. —Disfruta esta noche, Tess. Entonces su sonrisa se volvió ligeramente traviesa. —Sobre todo ahora que papá está de viaje. —¡Helena! Las dos se echaron a reír mientras me empujaban hacia la puerta. Y, por primera vez en mi vida… Sentí que algo estaba a punto de cambiar para siempre.






