Mundo de ficçãoIniciar sessãoIsaac caminó hasta su complejo de oficinas por pura inercia. Él se hallaba perdido en sus pensamientos desde su bochornoso intento por acercarse a la bella Mary Adams.
—Ella ni siquiera me miró —murmuró incrédulo para sí mismo, en cuanto era recibido por el guardia en la puerta.
—Buenos días, señor Alexander —dijo atentamente aquel joven inmigrante al que todos acudían en busca de ayuda. Él era el más comedido y servicial de todos quienes tomaban ese puesto a di







