Doy un respingo y casi me atraganto con la sopa, pido una disculpa y me limpio las comisuras de mis labios con una servilleta. Al girar, el alma se me cae a los pies, Asher Van Doren me está fulminando de un modo casi sobrehumano, con la mirada, va de hito en hito hacia su abuelo para luego tensar la mandíbula con tanta fuerza, que la presión me resulta casi dolorosa.
—Yo…
—¡Ah, aquí está! —exclama Laena a mi lado, poniéndose de pie.
Levanto la mirada y me sorprende ver a Mason, vestido eleg