Esa misma noche, Vanesa permaneció en el baño unos minutos más, recuperándose. El sabor amargo en su boca y la incomodidad en su estómago aún persistían, pero sintió por un instante cómo la rabia del momento había reemplazado el malestar unos ligeros segundos.
La insinuación de Alejandro de que había estado tomando alcohol la había dejado dolida, más que molesta, y aquel portazo que había dado no parecía haber sido suficiente para liberar toda la tensión que sentía.
Finalmente, se enjuagó el