Vanesa y Alejandro llegaron al departamento cargados de globos, bolsas con regalos y una mezcla de emociones. Habían sido horas intensas, pero también gratificantes. El evento había sido un éxito rotundo, y aunque estaban exhaustos, el esfuerzo había valido la pena.
—¿Dónde vamos a poner todo esto? —preguntó Vanessa, mirando las cajas apiladas que casi cubrían el recibidor.
Alejandro dejó las llaves sobre la mesa y suspiró.
—No tengo idea. ¿Crees que podamos meter algo en el clóset del beb