La casa de Kim Ho era una obra maestra que combinaba la elegancia moderna con el respeto por la tradición coreana. El exterior estaba adornado con detalles minimalistas, pero el interior revelaba una mezcla de tatamis, puertas corredizas de papel y muebles contemporáneos que gritaban lujo discreto. Alejandro y Vanesa cruzaron el umbral con la misma sincronía que habían mantenido desde que aterrizaron en Seúl.
—Es un honor recibirlos en mi hogar —dijo Kim Ho, inclinándose levemente. Su sonrisa