Sali de mi escondite, me acerque a la puerta para escuchar lo que él hablaba con Peter. Todo estaba en silencio, pasaron algunos minutos y no escuchaba nada, ni un balbuceo, ni la sonaja.
Abrí de inmediato la puerta y me topé con aquel hombre alto de frente a mí, con Peter en sus brazos.
—Helen, debemos hablar —me dijo observándome con bastante molestia pero con una sonrisa en sus labios, esos carnosos y deliciosos labios. —No somos unos niños.
Mi corazón palpito fuerte, esas eran las sensacion